lunes, 26 de febrero de 2018

Wonder Wheel (2017) de Woody Allen

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En la tercera colaboración entre Amazon y Woody Allen nos encontramos con Wonder Wheel. Pero, ¿qué quiere decir Wonder Wheel? Para quien no lo sepa, dicho nombre hace referencia a la noria más mítica de Nueva York, situada en Coney Island, un hermosa península con gran impacto turístico debido a sus atracciones de feria. Es en ese mundo donde giran los personajes de Jim Belushi, Juno Temple, Justin Timberlake y Kate Winslet. Una ubicación perfecta en la década de los 50 donde todo reluce de manera diferente a lo esperado. La atracción turística como medio de diversión se convierte en una cárcel para sus protagonistas. No es fácil la vida del feriante y bajo una imagen de falsa felicidad, la realidad imperante es que las personas que se dedican a ello se encuentran atrapadas en una espiral de frustración, con trabajos monótonos, mal pagados y que le consume la vida.


Es verdad que el arranque es zozobrante y que el uso del narrador no es la mejor forma de introducirnos en la historia, ya sea por su propia narrativa dentro del relato o porque el personaje de Timberlake no consigue fascinarnos más allá de la icónica figura del hombre de la época. Aunque esto dura poco, cuando la película se asienta y por fin, descubrimos cual es el sustrato, no podemos evitar sentirnos prendados del triángulo que conforman Ginny, su marido Humpty y Carolina, la hija de este. Las relaciones entre ella son perfectas, humanas, trágicas...


El personaje de Ginny es uno de los más ricos de la cinta y un papel a reivindicar dentro de la temporada cinematográfica. Así como Blue Jasmine le permitió lucirse a Cate Blanchett en este caso, Kate Winslet no desaprovecha su oportunidad. Abordando un papel muy duro con muchas aristas, soportando el peso de la película bajo sus hombros. A pesar de esto, el señor Belushi ha sido la principal sorpresa, hace mucho tiempo que perdió el favor de la taquilla y en este caso, lo que parecía ser un rol de poco peso, ha conseguido ganarse el respeto del público con un personaje en las antípodas de sus roles más recordados. ¡Muy bien Belushi!




Sin desmerecer las interpretaciones, la ambientación, el montaje u otros elementos destacados, en Wonder Wheel por lo que realmente destaca como película es por una maravillosa fotografía del veterano maestro italiano Vittorio Storaro. Es un trabajo muy potente que usa los claroscuros de manera envidiable y planteando una paleta de color que elevan los planos a la excelencia, hay veces que recurre a elementos de postal pero es su sentido más dramatico alza la cinta a una niveles plásticos bellísimos y que encima ayudan a la narrativa. Simplemente E-S-P-E-C-T-A-C-U-L-A-R.


En conclusión, una película más que interesante que muestra la faceta trágida del director de Annie Hall, que tanto le interesa en la actualidad. No llenará las salas pero harán las delicias de sus fans y de quienes disfrutan de un cine que ya no se hace.

lunes, 22 de enero de 2018

El ángel exterminador





Me suelen ofender las adaptaciones de la gran pantalla a las tablas porque son dos formatos radicalmente diferentes que amo y no siempre es fácil que casen con facilidad. 
En las dos direcciones se cometen demasiados errores debido a la fidelidad formal que requieren ambas disciplinas y al ser adaptadas en ambas direcciones, podemos perder las cualidades de un medio por ser fiel al otro. 
Otro de los problemas que tiene habitualmente el teatro es que, ante las dificultades para llenar las salas, se utiliza como reclamo la adaptación fácil de una película conocida. 

Esas son, tristemente, las consecuencias de la industria actual y de un público demasiado deudor de la pantalla.  


En esta ocasión el reto era importante porque hablamos de todo un clásico, una de las películas más influyentes del cine español.  
El ángel exterminador es un ejemplo perfecto del surrealismo de la época con el director de cine español más internacional —con perdón de Pedro Almodóvar— y Blanca Portillo se encarga de dirigirlo a buen puerto. Como ya hiciera en su montaje de Don Juan Tenorio, nos sitúa en un contexto más actual jugando con lo que más le interesaba de la cinta. 
El texto del dramaturgo Fernando Sansegundo convierte el guión original en una nueva historia en la que la burguesía de la época muta en personajes célebres contemporáneos
El escenario del Teatro Español de Carme Portaceli se transforma en una mansión de la calle de la Providencia muy arriesgada a nivel de programación y producción. 


Si bien es verdad que la película del aragonés tenía un claro punto crítico a la burguesía y al ser humano, en la obra de Portillo está más focalizada en temas de actualidad: la dudosa política española, la violencia de género, la adicción a la tecnología, la decadencia de la ciudad...todo tiene cabida dentro del monstruoso palacete donde están encerrado nuestros protagonistas.




Debo reconocer que la puesta en escena tiene elementos muy espectaculares gracias a la originalidad de Roger Orra, sobretodo en los compases finales (prefiero no mencionar más detalles para no estropear la experiencia del espectador). 
Sin embargo,  no es si no un error el mostrar de manera tan explícita el encierro de nuestros protagonistas utilizando un cubo de cristal semicerrado que impide escuchar claramente a los actores dependiendo de su disposición en el mismo. Es un elemento escenográfico buscado conscientemente y, si lo analizamos objetivamente, aporta esa sensación de encierro invisible al ver y escuchar a los protagonistas en una pecera. 
A pesar de que el elemento es impactante, es incómodo tener que esforzarse por escuchar las réplicas de los actores a pesar de su buen trabajo en escena. 
No debemos olvidar, que la mayor parte del tiempo, son catorce actores los que hablan, gritan y se desgarran en las tablas durante más de dos horas, así que el espectador puede acabar agotado con ese sonido tan opaco. 



Otro aspecto que puede jugar en contra de cualquier propuesta escénica es el espacio en el que se representa. El Teatro Español es un espacio que puede imponer a cualquiera pero también está muy limitado por su estructura. No puedo evitar acordarme del gran acierto de la elección del CND para el montaje de La Cocina de Peris-Mencheta. 
En El ángel exterminador, el espacio es vital no sólo por lo que pasa en el escenario sino fuera de él ya que el patio de butacas pasa a ser un elemento indispensable de la historia para darnos un punto de vista nuevo pero muy incómodo para el público (espectadores que se levantan y se sientan constantemente y entradas y salidas de personajes que restan visibilidad). 

A pesar de todo esto, la obra está sublimemente dirigida, con un trabajo de actores impecable donde ninguno destaca por encima del resto porque aquí juega el factor de la masa sobre el individuo. 
La escenografía y el vestuario están bien cuidados, constituyendo una puesta en escena espectacular que me demuestra que en España se pueden hacer montajes que no tienen nada que envidiar a otros escenarios internacionales. 

En conclusión, a pesar de que la propuesta en términos generales es imperfecta, es terriblemente bella y actual y ha conseguido que, tal y como he confesado previamente, deje de lado mi reticencias hacia las adaptaciones de este tipo y me haya lanzado de cabeza al estreno.     



lunes, 4 de diciembre de 2017

Primeras impresiones de Runaways


En estas últimas dos decadas la tendencia mayoritaria en la ficción es (en su gran mayoría) superheróica. Concepto que pasará a convertirse en un género antes o después. Puede que llegue a desinflarse pero ahora parece ser uno de los pilares principales de la ficción tanto en cine como en televisión. Debido a todo el juego que dan este tipo de historias se esta empezando a mezclar con otro tipo de géneros dando lugar a híbridos muy interesantes, que nos demuestran que quedan superheroes para rato. La empresa más interesada en este aspecto es Fox,  aunque no es la única. Las obras más destacadas son el western crepuscular que es Logan o la cinta de terror New Mutants, con respecto a series tenemos Legión, The Gifted o en este caso, Runaways.

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La serie original de Hulu parte con una premisa cargada de malicia. La pubertad es una etapa de transición a la edad adulta donde tu cuerpo experimenta cambios y tu manera de ver el mundo se transforma. Esto sumado a que es el momento donde te surgen las habilidades mutantes y aún no eres capaz de controlar, crean un cocktail bastante interesante. Así que la serie se vale de esto para crear un drama adolescente con tintes de thriller donde predominan los personajes carismáticos con los tics propios de las historias de superheroes.

Otro aspecto inherente a la adolescencia es la falta de conexión con los progenitores, tomando a tus padres como los malos de la película en contadas ocasiones. Esto sirve de base dramática para que Runaways los utilice como el antagonista perfecto de nuestros chicos en el sentido literal (y no solo por no dejarles salir hasta tarde). Así que, tenemos un enfrentamiento entre los hijos y los padres que se irá produciendo de ahora en adelante.

Sin bien la puesta en escena está bastante trabajada, son los momentos de acción, en los que aparecen elementos sobrenaturales cuando la serie pierde eficacia hasta el punto de sacar los colores al espectador con unos efectos especiales tan pobres, dejando relucir las carencias presupuestarias de Runaways. ¡Menudo dinosario! A pesar de ello, la serie es muy adictiva y los personajes acaban importándote. Si no eres fanático al comic que adapta, te puedes encontrar con una divertida sorpresa que no es la típica historia made in Marvel.

lunes, 30 de octubre de 2017

Fe de etarras (2017) de Borja Cobeaga



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La mejor comedia de Borja Cobeaga. Así de simple, aunque habría que matizar que no es 100% fiel al género. El humor de Fe de Etarras es la mejor arma para contar una historia con un trasfondo tan oscuro y reciente para los españoles.  El terrorismo significa en esencia infundir miedo y satirizarlo de esta manera me parece de valientes.  Algo que ya demostró en cineasta junto a su equipo durante años en muchos sketches de Vaya Semanita, aquel programa que sobrepasó las fronteras de la EITB y se convirtió en un fenómeno televisivo por aquellos años. Así que, juntos de nuevo, los artifices de esta película estan en un terrero resvaladizo pero con el que han lidiado desde muy cerca y saben como desenvolverse. Por lo que cuando oficializó el proyecto no dudé en que nos encontraríamos con una obra de este talante. Divertida, triste por momentos y que te hace reflexionar.

 
Es cierto que la publicidad de Netflix en el Festival de San Sebastián puede que no lo viniera demasiado bien debido a una agresividad de la que la película carece. Siendo más bien una comedia blanca a pesar de lo que podría parecer en Donosti y que según tengo entendido ha llenado de prejuicios a muchos espectadores, alejándose de la cinta por motivos extracinematográficos, lo cual es una pena (aunque esto no le resta puntos al film).

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El guión se centra en un comando de ETA bastante heterodoxo, el cual se encuentra en un piso franco esperando la llamada de los altos mandos para cometer un acto terrorista coincidiendo con el mundial de Sudáfrica. El tiempo va pasando inexorablemente y poco a poco empiezan a aflorar las dudas. ¿Por qué no nos llaman? Se preguntan los personajes interpretados por Javier Cámara, Julián López, Miren Ibarguren y Gorka Otxoa. La claustrofóbia va en aumento, llevándoles al límite de sus fuerzas. La creencia en sus valores es lo único que los mantendrá con ánimo para seguir pero, ¿hasta qué punto? De esta forma iremos viendo la evolución de cada uno de ellos a través de su ¿vocación terrorista?


La cinta utiliza como contexto el mundial que conquistó la selección de fútbol de una forma más interesante quizás que cierta película de Daniel Sánchez-Arévalo. Siendo un juego de contrastes muy bien llevado, mostrándonos que el marco es fundamental para transmitir lo que ocurre dentro de la cabeza de los personajes. Ese fervor nacional al conseguir la ansiada Copa, ese júbilo contra el que luchan nuestros protagonismo y que muestran aún más lo oscuro que se está volviendo su presente.


Es verdad que comparte con 7 años la primera apuesta cinematográfica de Netflix España— la economía de espacios y la claustrofóbia como escenario donde se mueven sus singulares personajes. Afrontando así un menor coste de producción y no por ello la historia dejar de ser interesante. Además, es muy difícil hacerlo fácil a nivel de realización y  aquí el director de Pagafantas hace un buen trabajo de narrativa invisible. Solo centrándose en el relato y sin hacerse notar, sintiendo mucho respeto por el libreto de Diego San José. De tal forma, que la película crece desde su honestidad. Un valor muy importante en los tiempos que corren. Y que nos da esperanza para el cine que viene. Son épocas para tener fe.