lunes, 12 de diciembre de 2016

Hasta el último hombre (2016) de Mel Gibson

Hasta el último hombre Mel Gibson Cine bélico
Vía: Fotogramas

Se nota que estamos llegando a la buena época en lo que a cine se refiere, ya sea por las novedades en la cartelera a nivel comercial de la etapa vacacional o porque los Oscar están a la vuelta de la esquina. Pero de entre todos los estrenos, el que afrontamos con más emoción era la vuelta tras las cámaras de uno de los directores más respetados de este blog, no hablamos sino del gran Mel Gibson. Y es que el conocido actor vió lastrada su carrera desde ciertas declaraciones en estado etílico (que no vamos a contar aquí). Así pues, aplaudíamos cada película chorra que el bueno de Gibson acometía con la esperanza que esto le ayudara a recomponerse económica y socialmente para volver a sentarse en la silla de director. Parece que el tiempo pasó y el establishment hollywoodiense le ha "perdonado". De ahí, el encargo de realizar este film sobre la vida del objetor de conciencia Desmond Doss. Un heroe americano que esgrimía el valor de la vida por encima de la muerte en medio del infierno de Okinawa en plena Segunda Guerra Mundial. El primer objetor de conciencia en ser condecorado tras salvar la vida 75 hombres en pleno fuego cruzado. Un proyecto bastante apetitoso.



Siguiendo la estela de clásicos del género, la cinta se divide en dos episodios. En el primero se nos presenta al protagonista y sus ferreos ideales, así como vemos sus relaciones personajes además de su formación militar para luego en la segunda parte mostrarnos el horror de la guerra, la camaradería entre compañeros y el heroísmo americano. Estos fragmentos son los que reblandecen la estructura narrativa, ya que al principio nos encontranos con una película y al final con otra. Las dos chocan y no son la una la consecuencia de la otra. Podéis adivinar en cual es la que vemos al Gibson más lúcido y es curioso como siendo actor, siempre prima más la épica brutal que el intimísmo actoral y narrativo.


Andrew Garfield, el encargado de dar vida a nuestro joven protagonista, tiene un personaje complicado en una película perfecta para el lucimiento del actor, con un arco bastante interesante que está muy bien marcado en la película. Si bien es cierto que el bueno de Garfield ya tiene condicionado a todos sus personajes debido a un físico tan marcado, que es un verdadero horror en el arranque de la película pero que, sin duda en las escenas donde se encuentra al límite cuando se crece, dando lo mejor de sí en un registro dramático muy intenso pero creíble. Esta a la altura del desafío y salvando con nota una interpretación que un endeble guión no consigue hundir.
El resto del reparto deambula sin pena ni gloria, quizás la oportunidad de ver a Vince Vaughn fuera de la comedia se agradezca, más que ver al sosainas de Sam Worthington. Pero la sorpresa es el gran papel que realiza Hugo Weaving dando vida al padre de nuestro protagonista, en un rol muy secundario pero bastante agradecido (a pesar del maquillaje).


Si bien es cierto que la cinta tiene todos los elementos de la filmografía de Gibson, no estamos del todo satisfechos por como esta ha retratada la historia de Doss. Puede ser en parte por imposiciones del estudio o por la voluntad de gustar, pero vemos como el cineasta realiza su cinta más irregular hasta la fecha. Es verdad que tiene toda su potencia visual y algunos de sus tics narrativos pero eso no tiene nada que ver con la forma en que se nos presenta un relato tan desigualLa verdad es que solo cumple dentro de su propio género sin aportar mucho más, nada original ni único. Puede que demasiados referentes a sus espaldas a los que no llega a igualar o quizás es la poca valentía del propio proyecto buscando sacar un buen rendimiento en taquilla. Nos parece una oportunidad perdida que a pesar del éxito que está cosechando no llega a cumplir con un referente tras las camaras como es Mel Gibson. El lado positivo de todo esto es que sirva como dinamitazor para que la carrera del director de Apocalypto se encarrile... y eso siempre es bien.

miércoles, 7 de diciembre de 2016

La cocina versión y dirección de Sergio Peris-Mencheta


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Asistir a una representación de La cocina del CDN es toda una experiencia, como la alta cocina, un placer gourmet que sólo está al alcance de unos pocos (ya que hace varias semanas que colgaron el cartel de entradas agotadas). El título de la obra es tan conciso como narrativo ya que te traslada directamente a las entradas de un restaurante de postguerra en Londres. 
El planteamiento de Peris-Mencheta supone un empleo total de todos los elementos que conforman el teatro como disciplina y que sirven como vehículo para que puedas sentir esta obra como algo más que una representación. Aquí hay algo vivo en escena, algo tan real que te mantiene perplejo durante más de dos horas.


Si bien es cierto que el texto de Arnold Wesker tiene momentos muy intensos, no es el punto fuerte de la obra, a pesar de su capacidad para hacer retratos en pocas pinceladas y mostrarnos como marco un mundo en plena  transformación donde casi podríamos decir que la historia es algo secundario (y está bien que lo sea). 
La propuesta escénica de Peris-Mencheta es tan brutal que en el caso de realizarse más hilos narrativos el espectador no estaría capacitado para seguirlo todo en una sola función. Y es la sinergia de todos los elementos técnicos y artísticos  lo que hace esta obra lo que es. La suma de todo. Como en los buenos platos. 


Casi se podría decir que nos encontramos ante un espectáculo de danza, un Café Müller llevado a los fogones, donde da igual cuál sea tu función en cocinas porque juntos crean una coreografía grácil y hermosa. Unos movimientos de manos, de cuerpos y de masas que desde la butaca se percibe como un baile orgánico y loco, pero que te da una idea de lo que tiene que ser el trabajo de hostelería en la piel de estos exiliados.

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Nosotros nos sentimos unos privilegiados por poder asistir a semejante espectáculo siendo conscientes de la propuesta tan sincera, compleja y valiente que nos propone la compañía. Cada miembro ya se merece todo el respeto por formar parte de un proyecto donde cada pequeño detalle es tan esencial. Sin duda, será uno de nuestros  grandes recuerdos teatrales de la temporada. Buenos ingredientes, temperatura adecuada y talento culinario no podría tener otro resultado que el plato perfecto.

lunes, 5 de diciembre de 2016

La llegada (2016) de Dennis Villeneuve


La verdad es que teníamos muchas ganas de ver esta película. Ya sobre el papel tenía una pinta cojonuda pero tras su estreno, las críticas y los premios hacían que se nos hiciera la boca agua solo de pensar en el espectáculo audiovisual que podía ser La llegada. Una vez vista podemos decir que sin lugar a dudas estamos ante una de las películas de ciencia ficción del año. No solo por ser una emocionante historia contenida, que deja de lado la épica espectacularidad de otras cintas del mismo corte de años anteriores como Gravity, Marte o Interstellar pero siendo igualmente atractiva y contundente. 


El cineasta Dennis Villeneuve vuelve a sorprendernos con otro género diferente al del resto de su filmografía y que según él estaba deseando meter mano. Demostrando así que no tiene miedo a nada y que es todo un artesano en lo que se refiere a contar historias. Da igual la temática que trate, sus películas siempre mantienen al espectador pegado a la butaca y eso tiene mucho mérito en una época en que los grandes blockbusters tiran por camino de sobra conocidos para darle al espectador palomitero lo que quiere y nada más. No conformándose con esto, lo trata de forma inteligente y sin concesiones.


Otra cualidad es la armonía con la que se trata el relato gracias a una puesta en escena que oscila entre la grandiosidad y lo íntimo, todo apoyado con unas interpretaciones naturalistas, una fotografía sobrecogedora y una banda sonora que no se queda atrás. Un arranque que funciona a las mil maravillas y que se toma todo su tiempo en plantear la trama a la vez que nos da pinceladas de los personajes principales, lo que es sin duda, lo mejor de la película. Y ahí riside su originalidad, a pesar que tenemos más que trillados esas escenas de platillos volantes en puntos estratégicos de nuestro planeta, lo que La llegada plantea está en las antípodas de este género, en un lugar que sobretodo ocupan autores literarios de la talla de Asimov o Ray Bradbury




A pesar de ser la adaptación de un relato corto de Ted Chiang, no se nota en ningún momento la perdida de tensión dramática ni la falta de ideas. Aunque también es verdad que el guión de Eric Heisserer se toma algunas licencias y atajos pero que en realidad no desentonan con el tono general. Así que no nos cabe duda de la calidad de esta cinta, que tiene un final un poco abrupto pero con un epílogo muy hermoso. Digamos que este filme sirve para mostrar al mundo de Hollywood que hay cabida para este tipo de cine en el espectador masivo. Una opoportunidad aprovechada por Villeneuve y que esperemos se repita con su secuela de Blade Runner. 

viernes, 2 de diciembre de 2016

La reina de España (2016) de Fernando Trueba


Vía: El séptimo arte

La polémica alrededor de Fernando Trueba a llegado a su máxima expresión con el boicot a su nuevo largometraje. Un acto del todo ruín, pues a pesar de que sus palabras no fueron para nada acertadas, no es justo llegar a estos extremos. Al fin y al cabo, intentar defenestrar cultura siempre será algo contraproducente para todos. Pero bueno, centrémonos en lo puramente cinematográfico que es lo que nos interesa...


La reina de España nos trae de vuelta a modo de secuela tardía a los personajes que se nos presentó en La niña de tus ojos. Un reencuentro de los propios personajes e incluso del propio director con ellos y con el género (la comedia) que tanto éxito le dió en el pasado. La historia nos sitúa en la década de los 50, con una Macarena convertida en una estrella de cine mundial(con obvio guiño a Sofía Loren) y que vuelve a su país natal para rodar una superproducción de Hollywood sobre la reina Isabel. Allí se reunirá con Castillo, Rosa Rosales, Julián Torralba y el resto del equipo que rodó la película que le dió fama mundial.




Comedia coral disparatada con mucha crítica social que se sirve del cine como bandera. Un reparto de lujo, con la fotografía de José Luis Alcaine y una producción muy cuidadas son los ingredientes esenciales para la cinta española más importante desde Un monstruo viene a verme. Puede que el mero hecho de realizarse ya tenga mérito a pesar de que el resultado no este a la altura de lo esperado. Puede que 19 años haya sido demasiado tiempo, pero la película es consciente de ello y lo utiliza como virtud. Algo con lo que ya jugaron Truffaut, Bergman o Linklater con mucho más éxito intentando capturar en celuloide la vida misma.


Puede que lo que funcionará tan bien en la primera parte aquí no tanto, ya que el marco de esta no es tan impactante. Pasando del rodaje de una película española en pleno régimen fascista de la Alemania nazi por una superproducción de Hollywood que por razones comerciales se traslada a España para realizar un film sobre Isabel la católica. La nostalgia y el amor de Trueba se plasma en cada fotograma, llegando a lastrar un guión que echa de menos al maestro Azcona pero que cumple como comedia con tintes clásicos pero no como secuela. Una excusa con muchos alicientes que no logra estar a la altura de su legado cinematográfico.