lunes, 5 de diciembre de 2016

La llegada (2016) de Dennis Villeneuve


La verdad es que teníamos muchas ganas de ver esta película. Ya sobre el papel tenía una pinta cojonuda pero tras su estreno, las críticas y los premios hacían que se nos hiciera la boca agua solo de pensar en el espectáculo audiovisual que podía ser La llegada. Una vez vista podemos decir que sin lugar a dudas estamos ante una de las películas de ciencia ficción del año. No solo por ser una emocionante historia contenida, que deja de lado la épica espectacularidad de otras cintas del mismo corte de años anteriores como Gravity, Marte o Interstellar pero siendo igualmente atractiva y contundente. 


El cineasta Dennis Villeneuve vuelve a sorprendernos con otro género diferente al del resto de su filmografía y que según él estaba deseando meter mano. Demostrando así que no tiene miedo a nada y que es todo un artesano en lo que se refiere a contar historias. Da igual la temática que trate, sus películas siempre mantienen al espectador pegado a la butaca y eso tiene mucho mérito en una época en que los grandes blockbusters tiran por camino de sobra conocidos para darle al espectador palomitero lo que quiere y nada más. No conformándose con esto, lo trata de forma inteligente y sin concesiones.


Otra cualidad es la armonía con la que se trata el relato gracias a una puesta en escena que oscila entre la grandiosidad y lo íntimo, todo apoyado con unas interpretaciones naturalistas, una fotografía sobrecogedora y una banda sonora que no se queda atrás. Un arranque que funciona a las mil maravillas y que se toma todo su tiempo en plantear la trama a la vez que nos da pinceladas de los personajes principales, lo que es sin duda, lo mejor de la película. Y ahí riside su originalidad, a pesar que tenemos más que trillados esas escenas de platillos volantes en puntos estratégicos de nuestro planeta, lo que La llegada plantea está en las antípodas de este género, en un lugar que sobretodo ocupan autores literarios de la talla de Asimov o Ray Bradbury




A pesar de ser la adaptación de un relato corto de Ted Chiang, no se nota en ningún momento la perdida de tensión dramática ni la falta de ideas. Aunque también es verdad que el guión de Eric Heisserer se toma algunas licencias y atajos pero que en realidad no desentonan con el tono general. Así que no nos cabe duda de la calidad de esta cinta, que tiene un final un poco abrupto pero con un epílogo muy hermoso. Digamos que este filme sirve para mostrar al mundo de Hollywood que hay cabida para este tipo de cine en el espectador masivo. Una opoportunidad aprovechada por Villeneuve y que esperemos se repita con su secuela de Blade Runner. 

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