lunes, 24 de abril de 2017

Blackbird de David Harrower. Dirigido por Carlota Ferrer

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Tenemos que estar orgullosos y agradecidos por las propuestas tan arriesgadas que se están haciendo en el panorama teatral español, ¡no todo es Shakespeare! En general, un compendio de buenos textos, ingenio y planteamientos muy atractivos con los nuevos (o no tanto) nombres de la escena madrileña. Un ejemplo de ello es la nueva producción de los Kamikaze bajo el beatlemaníaco titulo Blackbird. La historia del reencuentro de Una y Ray, unos personajes con un pasado común que les marcó de por vida. Este controvertido drama de David Harrower con ecos a cierta novela de Nabokov, nos presenta a Irene Escolar y José Luis Torrijo en una obra inteligente, sobrecogedora y comprometida sobre el amor prohibido. ¿Alguién da más?



Blackbird Beatles Harrower Carlota Ferrer Irene Escolar Jose Luis Torrijo Teatro Kamikaze escena

Un pájaro siempre es un elemento representativo de la libertad que en este caso toma una tónica retorcida y diferente. Este juego de contrastes funciona muy bien con unos  protagonistas encerrados en un espacio escénico (maravillosa y eclecticamente planteado) que les asfixia poco a poco haciendo que su ansiedad explote. ¿Esto es el amor? Esa es la pregunta que sobrevuela a los espectadores durante los 90 minutos de representación y la respuesta no es nada fácil.

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Bien es cierto que la lucha de titanes que se lleva a cabo en el escenario era algo obvio pero los resultados están más lejos de lo que nos llevan las especulaciones. No siguen convención alguna, rompiendo moldes con unos personajes que son de verdad. Escolar y Torrijo se descubren ante el público con unos roles que les vienen ni que pintados. El fruto de un trabajo actoral de altura. La propia obra guía al espectador por diferentes estados emocionales de la mano de los intérpretes, jugando con diferentes géneros, desde el cine, la danza contemporánea o el musical. A pesar de todo, sus momentos más brillantes se producen gracias a su economía y minimalísmo interpretativo. La propuesta escénica hay veces que no ayuda, distanciando al público más convencional con decisiones que tienen poderío visual pero que desdibujan un poco la historia. A pesar de su carácter expresivo, no aporta nada que no lo comuniquen los personajes con sus actitudes y estados de ánimo. 


Así nos encontramos ante un ave hermoso, que apreciamos en la distancia. Oímos su canto desconsolado y no podemos hacer nada, solo disfrutar de él y admirar sus alas, su tupido plumaje y recordarlo cuando se vaya para no volver jamás.